2133 Dar consejos no demuestra que sabés hacer el trabajo
Los consejos repetidos no le muestran a nadie por qué confiar en vos.
Internet está hasta la jeta de consejos que cualquiera puede repetir. Si tu contenido se limita a «cinco trucos para escribir un buen prompt» o a recomendaciones que la gente ya escuchó mil veces, vas a ser uno más. Hoy, además, una IA puede generar esa misma lista en segundos.
La información quizá sea correcta. El problema es que está en todos lados: una persona publica algo, otra lo repite y así termina apareciendo por todas partes. En una época, explicar cómo hacer ciertas tareas podía distinguirte porque costaba acceder a esos conocimientos. Después las redes facilitaron publicar y la IA multiplicó todavía más la oferta de respuestas.
Si trabajás en fitness, redes sociales, psicología o acompañás a madres primerizas, repetir consejos generales no muestra tu capacidad de resolver problemas. Alguien que te encuentra puede pensar: «Esto ya me lo dijeron veinte personas; ¿por qué debería pagarle a ésta?». La autoridad, tanto para una marca personal como para un negocio, exige algo más que transmitir datos.
Eso también obliga a mirar con cuidado los cursos y las capacitaciones. No creo que hayan muerto. Pero un curso que solo junta información accesible en internet compite con lo que cualquiera puede pedirle a Gemini o ChatGPT. Si aporta el criterio, la trayectoria y la experiencia de quien enseña, la cosa cambia.
La experiencia de quien enseña vuelve valiosa una receta conocida.
Podés pedirle a una IA recetas de cocina mediterránea o vegana. ¿Por qué alguien compraría entonces un recetario? Porque quizá quiere las recetas, el estilo, el camino y las decisiones de una persona concreta. No hace falta que seas famoso: hace falta mostrar qué hacés vos con esa información y por qué tu manera de abordar el problema merece atención.
En este podcast hablo de marketing, contenidos e IA, temas de los que habla un montón de gente. La diferencia es que cuento cómo trabajo, qué me salió bien, dónde me equivoqué y por qué tomo ciertas decisiones. Cuando explico mi agencia unipersonal, no me quedo en «usá agentes»: cuento por qué primero pruebo automatizaciones con Google Apps Script, después n8n y solo más arriba incorporo agentes.
Esa secuencia no es una ley universal ni la manera perfecta de trabajar. Es mi criterio aplicado a un problema concreto. Si únicamente leyera las características técnicas de cada herramienta, este contenido sería idéntico al de cualquiera que hubiera leído el mismo artículo.
Quien me escucha puede querer saber cómo se crea un reel, pero también quiere oír cómo este boludo piensa que conviene crearlo. Ahí nace la confianza: la persona empieza a reconocer una forma de mirar el trabajo, no solo un listado de pasos.
Mostrá tus decisiones, tus errores y tu forma de resolver.
Podés hablar del mismo tema que todos y hacer un contenido propio. Pensá en los problemas que resolvés, los métodos que usás, los aciertos y las equivocaciones que te enseñaron algo. Contá cómo evaluás una herramienta nueva y para qué le serviría a la persona que te escucha. Una novedad sola es un dato; tu decisión sobre cuándo usarla convierte ese dato en orientación.
Es como una receta de pizza: los ingredientes básicos pueden ser los mismos, pero cada persona decide proporciones, condimentos y presentación. Hasta se te puede ocurrir una pizza con forma de corazón para San Valentín. No inventaste la pizza; le diste una forma que expresa una propuesta distinta.
Tu contenido también puede mezclar información conocida con una demostración real de cómo trabajás. Mostrá un caso, explicá la decisión que tomaste y por qué descartaste otra alternativa. Incluí la parte que salió mal si sirve para que la gente entienda mejor el problema. Esas experiencias no te las pueden copiar, porque son tuyas.
No se trata de convertir cada publicación en una autobiografía. Se trata de dejar visible el criterio que hay detrás de lo que recomendás. Así quien te ve puede juzgar si realmente sabés hacer el trabajo por el que más adelante podría pagarte.
Aprender de otros es el comienzo; después desarrollás tu voz.
Yo también empecé aprendiendo de creadores de contenido y repitiendo algunas ideas que me habían enseñado. En el primer episodio de este podcast dije que estaba ahí gracias a mucha gente de la que aprendí y que quería devolver algo a la comunidad. Eso no tiene nada de malo: nadie empieza con una mirada completamente formada.
Con el tiempo empezás a probar, a equivocarte y a pensar distinto incluso de quienes fueron tus referentes. Descubrís que una forma de trabajar no te sirve a vos o a tu público, y podés explicar por qué. Si te quedás repitiendo como loro para siempre, especialmente ahora que existe la IA, tu contenido pierde la posibilidad de diferenciarte.
La información sigue siendo útil, pero agregale tu punto de vista, tus decisiones y tu experiencia. Eso permite que alguien te vea como una persona confiable, con criterio propio, a la que consideraría contratar. Ahí el contenido empieza a demostrar que sabés hacer el trabajo.
Cuando pruebes una idea aprendida de otro, contá qué cambiaste para tu caso y qué resultado obtuviste. Si no funcionó, también vale explicar por qué. Esa comparación entre lo aprendido y lo vivido ayuda más que repetir la recomendación original como si sirviera igual para todo el mundo.
Si querés que te ayude contame sobre tu negocio en el formulario.
Te voy a responder para decirte de qué manera puedo ayudarte a mejorar tu vida mejorando tu negocio con marketing.