2110 No podés cambiar si te seguís mintiendo
No podés cambiar si te seguís mintiendo
A veces querés cambiar tu vida o mejorar tu negocio, pero arrancás desde una imagen equivocada del lugar en el que estás. Para cambiar, necesitás mirar la situación real y preguntarte tres cosas: quién sos, quién creés que sos y quién querés ser. No son lo mismo, y entender la diferencia puede ayudarte a avanzar.
Este año tuve momentos buenos y otros complicados. Quise cambiar algunas cosas y fui dando tumbos: dos pasos para adelante y uno para atrás. También pensé mucho, hasta que me di cuenta de que estaba viendo una foto equivocada de mi situación.
Diferenciá quién querés ser de quién sos hoy
Imaginá que durante mucho tiempo hacías actividad física, pero por distintas razones dejaste de entrenar. Tuviste una lesión, te dejaste estar, subiste de peso y cada vez tenés menos energía. Un día decidís cambiar y volver a entrenar. Sabés quién querés ser: alguien que se mueve, se cuida y tiene hábitos saludables, no alguien que hace ejercicio una vez cada tanto solo para alcanzar un objetivo.
Pero quizás todavía te ves como la persona que entrenaba. Antes salías a correr tres veces por semana y te cuidabas con las comidas; ahora corrés tres veces por año y comés distinto. Si no reconocés tu estado actual, es difícil llegar adonde querés.
Algo parecido me pasó con el trabajo. Hubo un momento en que hacía ciertas cosas y obtenía determinados resultados. Después mi situación cambió, pero en mi cabeza seguía creyendo que era el de antes. Eso se vuelve un problema cuando te contás que estás siendo productivo, que trabajás un montón o que estás dando todo, aunque los hechos no lo muestren.
La historia que te contás puede alejarte de la realidad
Un día me frené y pensé: “Pará, reconocé que no estás en tu mejor momento. Sabés adónde querés llegar, pero te estás contando una historia”. Yo no estaba satisfecho con algunas cosas y quería cambiarlas, pero todavía no estaba mirando con honestidad lo que hacía y lo que no hacía.
La imagen que tenés de vos puede ir para los dos lados. Tal vez creés que estás mejor de lo que estás porque seguís aferrado a una foto vieja, como el deportista que recuerda cuando entrenaba. O quizás te pasa lo contrario: pensás que no sos bueno y te sentís un impostor, aunque tus resultados muestren que sabés más de lo que creés.
También vale para un negocio. Una cosa es cómo querés que sea y adónde querés llevarlo; otra, lo que creés que está pasando hoy; y otra, cómo funciona realmente. Tener claro el objetivo es importante, pero no alcanza si no sabés desde dónde empezás.
Contrastá tu percepción con hechos
La subjetividad influye, pero podés mirar tus resultados, tus conductas y la distancia entre lo que querés ser, lo que creés que sos y lo que sos en la práctica. Esos datos te ayudan a descubrir qué necesitás cambiar para llegar adonde querés.
En el ejemplo del ejercicio, no alcanza con decir “yo soy una persona que entrena” porque alguna vez lo fuiste. Si antes corrías tres veces por semana y ahora casi no salís, ese es el punto de partida actual. Tus hábitos, tus resultados y tus acciones muestran cómo estás hoy.
Lo mismo en el trabajo o en el negocio. Mirá los números, los clientes, los procesos, tus hábitos y las cosas que hacés o dejás de hacer. A veces decís “tengo mala suerte”, pero quizás perdiste el foco, dispersás el tiempo, te falta energía o te cuesta reconocer que te equivocaste. Los hechos sirven para contrastar esa explicación con lo que realmente pasa.
Frenar y pensar estas cosas ayuda, pero no vas a resolver tu vida en cinco minutos. Date tiempo para observarte y ser honesto. Tal vez estás peor de lo que pensabas, o quizás estás mejor. En cualquiera de los dos casos, reconocer la situación real te permite decidir qué hacer.
Para avanzar, primero aceptá desde dónde arrancás
Preguntate qué querés cambiar de tu vida o de tu negocio, dónde creés que estás hoy y qué muestran tus resultados y tus conductas. La parte más difícil puede ser aceptar quién sos ahora, en lugar de seguir mirando una versión anterior o justificar lo que no está funcionando.
Ser honesto con esa diferencia te permite empezar a caminar hacia la persona que querés ser o hacia el negocio que querés construir. Es difícil llegar adonde querés si no aceptás con claridad desde dónde estás arrancando: la realidad, tus hábitos, tus resultados y lo que hacés o no hacés hoy.
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