2087 Matá tu perfeccionismo en 3 pasos.

Cuando el perfeccionismo parece exigencia, pero te frena.

El perfeccionismo muchas veces se disfraza de exigencia, de calidad, de querer hacer las cosas bien. Pero termina siendo una excusa para no empezar o para no terminar nunca.

Por eso hoy te propongo tres pasos para ponerle límite al perfeccionismo y avanzar. Y te lo dice alguien que ha sido, a veces, perfeccionista. Que en realidad no es más que un miedoso.

Soy una vil gallina. Sí, soy una vil gallina, lo he sido a lo largo del tiempo. No sé si poco o mucho gallina, pero de hecho no sabía que era una vil gallina.

Yo pensaba que el perfeccionismo era algo genial porque era un tipo que no se conformaba con un término medio, con algo estándar, y siempre quería que las cosas fueran perfectas.

Y al final, aprendiendo de estas cosas, me di cuenta de que en realidad ese perfeccionismo era como una especie de ancla que me impedía avanzar.

Aparecía siempre que tenía que tomar decisiones y siempre que tenía que romper mi techo. Sí, el techo de donde estaba, para salir de mi lugar de comodidad o de incomodidad. Y ahí estaba mi amigo el perfeccionismo.

Entonces fui adquiriendo algunas habilidades para ir dejando poco a poco esta pesadilla atrás. No lo he logrado del todo, lo reconozco, pero poquito a poco las cosas van mejorando.

Y yo vengo acá a compartir aquello que me ha servido, como por ejemplo lo de hoy. Te aclaro que aplica quizás no a cuestiones de alto riesgo, sino a cositas del diario, del trabajo cotidiano: una presentación, un texto que tenés que hacer, un diseño.

Y bajo ninguna circunstancia significa que hagas las cosas a la bartola. No significa que lo hagas mal, que bajes la calidad, que no le prestes atención. No. Se trata de límites.

Poner límites para dejar de dar vueltas.

A veces la mejor manera de batallar contra estas cosas que nos engañan, porque el perfeccionismo nos engaña, es poner límites. Nos hace creer que en realidad estamos haciendo las cosas bien y que el resto de la humanidad está equivocada, cuando en realidad lo que estamos haciendo es procrastinando, dando vueltas, avanzando poco o dejando las cosas a medias.

Todo bajo la excusa de que siempre faltan cinco para el peso.

Entonces esto es una forma de poner un límite para que, llegado ese límite, no te quede otra más que decir: bueno, listo, hasta aquí llegué.

Son tres pasitos muy sencillitos, muy tranqui, pero que te pueden servir o que podés adaptar de acuerdo a tu forma de trabajo.

Definir la tarea y cuándo está terminada.

Lo primero es definir la tarea, definir el objetivo y principalmente lo más importante de esto: definir cuándo está terminado o cuándo está listo.

Me explico. No es lo mismo decir “tengo que crear un texto para una landing page”, “tengo que crear un diseño” o “tengo que enviar una propuesta a un cliente”, que definir eso con mayor precisión.

Tengo que hacer esto de esta manera, va a tener esta estructura y cuando haya cumplido con esto, esto y esto, lo consideraré terminado.

Esto es muy distinto a dejar todo muy abierto. “Tengo que hacer un presupuesto”. Claro, tengo que hacer un presupuesto, no tiene límite alguno.

En cambio, si sos muy claro en esto, definís con mucha exactitud. Esto es como cuando trabajás con IA, cuando trabajás con agentes. Cuanto más exacto sea todo, mejor. Si bien el tipo puede pensar, vos tenés que encorsetarlo un poco, marcar ciertos límites, indicar incluso cómo querés que haga la tarea y cuál es el resultado que forma va a tener.

Bueno, exactamente lo mismo.

Reitero: si vos decís “tengo que hacer un diseño” o “tengo que hacer un contenido”, no es lo mismo que decir “tengo que hacer un reel de 15 segundos, donde voy a hablar de esto, lo voy a hacer de esta manera y lo voy a considerar terminado cuando cumpla con estos tres puntos”.

De ese modo tenés como una suerte de guía, que podés ir mejorando con el tiempo, y que te va a marcar cuándo está terminado y cuándo no. En vez de que sea tu cabezota la que siempre encuentre el pelo en el huevo.

“Ah, pará, puedo arreglar esto. Ah, esto lo puedo mejorar”. Y reitero: no es hacerlo mal. Es tener cierto estándar de calidad, pero no pasarte, no ir hacia ese perfeccionismo.

No entrar en el “esto lo podríamos mejorar, no sé qué”. Está lo suficientemente bien de acuerdo a esta guía o a esto que acabo de plantear, o que tengo ya definido de antemano. Listo entonces, a la mierda.

Aceptar una sola corrección.

Segundo punto, porque obviamente sos perfeccionista y quizás no alcance con lo primero. Podrías decir: bueno, está bien, pero no todo sale bien a la primera.

Ok, no todo sale bien a la primera. Listo. ¿Qué podemos hacer? Aceptemos una corrección.

Volvamos al ejemplo. “Tengo que grabar un contenido” es muy amplio, muy ambiguo. Entonces: “tengo que grabar un reel así, de este tema, de esta manera”. Lo grabé, lo miro: podría mejorar la intro, podría mejorar el hook, podría mejorar la zeta, podría mejorar este plano.

Listo. Te anotás las mejoras, hacés una segunda versión y esa es la corrección a la primera. Una sola corrección.

Y esto además te obliga a pensar antes. Porque muchas veces quienes somos perfeccionistas, en cierto modo, también tenemos la sensación de que las cosas las hacemos bien y como las hacemos bien, casi que salen de taquito.

Entonces si yo prendo la cámara y me pongo a grabar, como yo el podcast, si prendo el micrófono y me pongo a hablar, puedo estar hablando todo el día. Sí, pero a veces poder estar hablando todo el día, en vez de mejorar el episodio, lo empeora.

Por ejemplo, me puedo ir por las ramas. Yo acá tengo un guion muy escueto, son algunos puntos. Improviso sobre lo que veo ahí. Pero si no tuviera el guion, quizás estaría acá hablando media hora y de diez mil cosas distintas.

Porque primero siempre me parece que puedo explicar una cosa más. “Me quedé corto, sí, el episodio va a esto, pero mejor les explico esto también, y lo relaciono con lo otro, lo encadeno con lo de más allá”.

Y quizás esté bueno, pero también está bueno decir: para hablar de este tema contás estas tres cosas y a la mierda.

Entonces darse el límite de mejora también está bueno. Hay que hacerlo así, lo hice así, lo miro, se puede corregir, sí, pero una sola corrección. No cuarenta correcciones.

Pensar antes para no corregir cuarenta veces.

Esto te va a seguir acostumbrando a pensar antes, a definir antes los límites de la estructura. Por ejemplo, si es un video, si es una gráfica, qué plantilla vas a usar, el texto.

Es como que trabajás más antes, pero al momento de hacer el contenido lo vas a hacer mucho más rápido, porque ya vas a tener todo perfectamente organizado.

Y el paso tres es: listo, se terminó. Paso uno, lo hacés. Paso dos, corregís. Paso tres, listo, se terminó.

Una única corrección y se terminó. Ya está. Lo publicás, lo enviás, se lo mandás a una persona.

Esto es porque primero vas a mejorar todo el proceso. Si antes de ponerte a hacer algo tenés que sentarte a clarificar ese algo, cómo va a ser su estructura, qué va a ser o cómo lo vas a definir como terminado, y además ya sabés de antemano que solamente admitís una corrección, todo cambia.

Y si además ya sabés que una vez corregido, en el caso de que haya que corregirlo, porque podría ser que no, lo tenés que enviar, te vas a ir acostumbrando y te vas a sacar de encima muchas cuestiones mentales.

Mandarlo y enfrentarte con la realidad.

Esto te lo digo porque me ha pasado infinidad de veces mirar cosas que para mí eran una porquería y decir: “no, pero yo no puedo enviar esto”. Y estar con el tiempo comiéndome los talones y tener que enviarlo igual.

¿Y vos pensás que alguien se lo cuestionó? O peor, a mí me ha pasado algo peor: exprimirme el cerebro para entregar algo que yo consideraba impecable, esperando que el tipo que recibía la propuesta dijera: “che, loco, qué bueno esto que me enviaste, qué bueno el PDF, mirá toda la información que me diste, me añadiste un video”.

Y a veces no decían ni esta boca es mía.

Y obviamente yo decía: qué pelotudo, mirá todo el tiempo que le dediqué a esto y el tipo ni siquiera dijo gracias. Ni siquiera dijo: “che, qué bueno el video, me explicaste las cosas”.

Entonces esto del perfeccionismo tiene tantas capas. A lo largo de estos más de siete años hice cantidad de episodios hablando de esto.

Algunas tienen que ver con todo lo que tenemos en la cabeza, con todo ese diálogo que nos hacemos. Pensamos por nosotros y pensamos lo que va a decir la persona que lo va a ver o lo va a recibir.

Si nos quedamos o nos parece que nos quedamos cortos, no le va a gustar. Y si nos parece que finalmente, luego de un montonazo de tiempo invertido, esto es perfecto, pensamos que nos van a felicitar y al final no.

Por eso esto de “lo hago, una revisión, lo corrijo y lo mando” es un muy buen ejercicio. Sobre todo para enfrentar la realidad.

Porque muchas veces el perfeccionista lo que tiene es temor de enfrentar una realidad. Entonces quiere que sea todo perfecto, por las dudas, no vaya a ser que fracase, falle o le digan algo.

No. Listo. Mandalo, mandalo, mandalo y enfrentate con la realidad. Empezá a trabajar a partir de lo que te devuelve la realidad, no los pensamientos en tu cabeza.

Usar el tiempo donde de verdad importa.

Cuando hagas esto, lo corrijas, lo mandes y veas que no pasó nada, ni nadie te aplaudió ni nadie te criticó, simplemente entregaste algo bien hecho, o incluso mejor que lo que entregaría otro, te vas a quitar presión.

También vas a dejar de invertir un montonazo de tiempo en cosas que tal vez no sean tan importantes.

Tomá ese tiempo para invertirlo en otros asuntos de tu negocio donde sí requiere que le metas más tiempo, más cabeza, más mejoras.

En vez de estar dos horas mejorando el PDF de propuesta que enviás a los clientes, dedicá esas dos horas a pensar cómo mejorar el delivery de tu producto o servicio.

Estos tres pasos son, en definitiva, una manera de pensar. Yo te lo presenté en tres pasos, vos ordenalo como sea, pero el principio es esto: hacés algo, lo mirás, si tenés que mejorar lo mejorás, y lo mandás. Punto. No dar vueltas.

Vas a ver que ese monstruo que te esperaba detrás del perfeccionismo, que te decía “si no está perfecto, no lo hagas”, no existe.

Te va a ir mucho mejor. Vas a hacer el laburo mucho más rápido, más eficiente, y ahora en tiempos de inteligencia artificial, que te puede ayudar, mejor todavía.

Porque vas a poder delegar con la tranquilidad de que va a haber una mínima calidad y con eso es suficiente. Y vos te vas a poder encargar de cosas mucho más importantes.

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