2025 No hay avance sin fracaso.

Querés avanzar, pero te da miedo fallar.

Querés crecer, vender más, lanzar tu propio negocio, por ejemplo, o mejorarlo. Y te da como shushu, te da como miedo, sogaca de que algo falle.

Nada sale bien al primer intento. Avanzar implica probar, equivocarte, ajustar, caer, levantarte, etcétera. Y de eso va esto.

Fracasar no es ser un fracaso. Tropezar es algo que te va a ocurrir seguro. Lo importante, en definitiva, si te la pegás en la pera, es seguir adelante.

No serían los tres puntos quizás más importantes dentro de toda esta historia del fracaso, el miedo al fracaso, que si me equivoco, que si me va mal, que pruebo y que si no tengo éxito. Hay mucho más, como suelo decir, pero para que quepa, me voy a centrar en estos puntos.

Eso sí, antes, un pequeño paréntesis, un pequeño prólogo, ponele. Que esté bien equivocarse, o mejor dicho, que no tenga nada de mal equivocarse, es propio de hacer cosas. El que no hace, no se equivoca. Obvio. Si no te querés equivocar nunca, no hagas nada, pero te vas a quedar en el mismo lugar de siempre.

O sea, está bien equivocarse, es normal, te va a pasar. Ahora, esto no significa que hago las cosas a la Bartola, me iba a decir una grosería, me importa un pomo y si me equivoco, me equivoco.

Equivocarse no significa hacer cualquier cosa.

Por supuesto, lo óptimo sería hacer todo lo posible para minimizar, bajar el riesgo de las equivocaciones. Vamos al caso de Elon Musk y lo que hizo en SpaceX. Empezó a tirar cohetes, nunca mejor dicho, que quería tirar cohetes. Uno, dos, explotaban, explotaban, explotaban.

Pero el tipo no tiraba cohetes y explotaban porque no sabía un carajo de cómo hacer un cohete. Se entiende la diferencia, ¿verdad? El tipo es un genio, creó una empresa genial para hacer cohetes geniales. No es que un día dijo: «Che, hagamos un cohete», agarró un Citroën oxidado que tenían en el fondo, le puso el motor de un Fiat 600 y lo prendió a ver si subía.

No. Un tipo con altísima preparación, que contrató cantidad de ingenieros, que hizo toda una fábrica, un montón de cosas. Y sin embargo le importaba tres pitos que le explotaran los cohetes. Al contrario, obvio que no quería que le explotaran. ¿Quién quiere que se le vayan millones de dólares explotando en el aire?

Pero estaba dispuesto a asumir ese riesgo. Si explotan, explotan. Encontraremos las fallas, en vez de andar pensando o imaginando dónde podrían estar.

A esto me refiero. No es que uno diga: «Bueno, yo hago cualquier cosa y si me equivoco, me equivoco». De última, entre no hacer nada e ir detrás de tu sueño, de lo que querés armar o lo que sea, bueno, hacelo. Pero hay formas más sensatas, más lógicas o correctas de hacerlo, y formas más a la Bartola.

No es una invitación a que lo hagas a la Bartola. Ejemplo: redes sociales. No es «bueno, yo pruebo y si no anda, no». Flaco, te digo: si querés perder tiempo, hacé cualquier boludez. Vas a estar cinco años y no te va a funcionar nada.

La lógica sería que aprendas cómo funcionan los contenidos en redes sociales ahora, en 2026. El tema es que una vez que te pusiste, aprendiste y más o menos tenés idea, puede haber problemas y fallas. Si creás un contenido y no funcionó, esto no es infalible. Entonces ahí está el matiz.

Un fracaso no define quién sos.

Primero: fracasar, como antes te decía, a todos nos vamos a pegar en la pera. Lo importante es que puedas separarte del fracaso, que separes tu identidad del resultado.

Que tengas un fracaso no es «soy un fracasado». No. Tuve un fracaso. Soy un tipo que prueba. Punto. Le va bien, le va mal, adelante, sigo.

Porque en el mundo actual, donde todos estamos demasiado pendientes de la opinión ajena, de lo que pueden decir, de «esto es una cagada», mucha gente no hace cosas por la crítica o porque le da no sé qué fracasar. «Anotá, salió, anotá, qué sé yo». O sea, se lo dicen voces externas o, peor, las voces que habitan en su cabeza.

Porque la comparación es otro de los grandísimos venenos de este tiempo. Te metés en redes sociales, ¿qué ves? Éxito por todos lados, vidas perfectas, nadie falla, a todos les va bien, todos son millonarios, todos tienen un jet ski. Espejitos de colores, cartón pintado, mentira en el 99% de los casos.

Pero tu cabezota loca cree que eso es la realidad y se paraliza. ¿Por qué? Porque si hace algo y no obtiene ese éxito, «soy un fracasado». No, boludo. Sos una persona normal que vive en el mundo real. Y el mundo real está muy lejos de todas esas menesundas que nos quieren vender o que compramos.

Entonces ese es el tema. Que fracases o que algo no funcione, de hecho, siquiera valdría la pena llamarle fracaso. Resultado no esperado, si querés. Resultado alejado del previsto. No sé, metele otro nombre de última.

Anotá los fracasos como escalones.

Es más, te diría mejor todavía: anotá fracaso. Viste cuando en las películas de guerra, en la Segunda Guerra Mundial, iban los aviones de los yanquis contra los japoneses en el Pacífico, volteaban un avión y se ponían un dibujito al avión como que había volteado muchos. Bueno, jugalo a tu favor.

Anotalo. Tatuátelo o marcalo pegado abajo del monitor de tu computadora, en una pared. Y si algo no funcionó, una cruz. Dos cruces.

Y que esas cruces no sean una cruz a lo Cristo: «Ay, la cruz, soy un fracasado». No. Que sea una cruz como si dijeras: «Vamos, carajo, otro fracaso. Vamos, vamos». Velos como escalones hacia algo que finalmente te va a salir.

Cambiá la narrativa de última. Pero jamás de los jamases consideres que porque algo no te funcionó, el problema está en vos. No. No te funcionó porque las cosas a veces no funcionan por diez mil cuestiones aleatorias.

A veces funcionan por diez mil cuestiones aleatorias. Estaba mirando un programa que entrevista a gente millonaria, que es muy divertido incluso, y un tipo cuenta que se ganaba 46 millones de dólares porque estaba en Las Vegas.

El tipo andaba por ahí, no sé bien a qué se dedicaba, tenía contactos, y escuchó a una vieja en la mesa de al lado que decía que quería vender el casino. El tipo dice: «Yo tengo un amigo que quiere comprar un casino». Listo. 400 millones. ¿Cuánto de comisión? El 10%. 46 se llevó por estar atento.

Pero no solo por estar atento, sino por esas cuestiones aleatorias del éxito. Él lo atribuía a Dios, que las cosas se tenían que dar, al universo, ponele. Es su punto de vista, no se lo voy a discutir, embolsó 46 palos, así que yo no te discuto.

Pero digo: a veces es aleatorio. ¿Qué posibilidad matemática hay de que vos te sientes y una vieja diga «quiero vender un casino», y justo vos tengas un amigo que quiere comprar? No, flaco, no. Probablemente no te pase, como decía el humorista argentino, cosa que no te va a pasar en la puta vida.

¿Qué quiero decir con esto? Que a veces tanto aquello que denominamos éxito como lo que denominamos fracaso tiene un altísimo componente aleatorio. Suerte, entre comillas, si le querés llamar. Entonces, que algo no te salga no es que vos hayas fallado o fallada. No salió. Punto. A otra cosa.

Querer avanzar sin equivocarse es imposible.

Segundo: querer avanzar sin equivocarse, no. Equivocarse es parte del camino. Suena a frase barata de Instagram, pero es la verdad.

Y te lo dice un tipo hiper mega puntilloso, perfeccionista, que ha estado más tiempo estancado y petrificado por terror, no consciente, después empecé a darme cuenta de cómo operaban estas cosas en mí, pero he estado más tiempo atornillado a la silla, petrificado, congelado, pensando que la solución era aprender, aprender, aprender, saber un montón, estudiar las cosas desde distintos ángulos.

Y entonces, pum, iba a salir perfecto. No me iba a equivocar y me iba a ir fenómeno. No. No fue así.

Esto creo que lo mencioné ayer, en el primer punto, cuando hablaba del tema de sacarte de encima cosas. Lo dije: durante una época consumía todo, hacía todos los cursos, no sé qué, no sé cuánto. Me sirvió, sí, me sirvió. Pero también tuvo su cara negativa: tratar de pegarla de primera.

Vuelvo al matiz del principio. Si vos te preparás, volvamos al ejemplo de los cohetes y Elon Musk, no es lo mismo lo que logró a partir de toda la preparación previa y su experiencia como empresario, como emprendedor y como constructor de megafábricas y de toda esa menesunda. No le hubiera ido del mismo modo si hubiera sido un tipo improvisado.

Pero aun así, se me olvidó, estuvo a nada de quebrar. Tuvo que pedir guita a los amigos, ya no tenía un mango. Quiero decir: por más que te prepares, por más que pienses desde todos los ángulos, es imposible no equivocarte. Algo va a pasar.

Y cualquiera a quien le haya ido bien en la vida, en lo que sea, sobre todo en negocios, te va a decir: «Me equivoqué un montón de veces». Eso es así, brother.

No frenes esperando que todo esté clarísimo.

Entonces aceptalo como parte. No como parte para ir «la, la, la, me voy a equivocar, voy a quemar guita, voy a chocar la calesita». No, ya lo dije. En la medida de lo posible, mejor no tropezar. Pero aceptá que puede pasar.

Dicho de otro modo: no frenes el avance queriendo que todo esté tan, pero tan, pero tan claro, o pretendiendo que esté tan claro para no tropezar nunca. No. Vas a tropezar igual. Listo, punto.

Esto nos lleva a lo último. Hay gente que le va mal y ya está, colgó los guantes. «No, esto no es para mí, no sé qué, no sé cuánto». Ojo, puede ser. Puede ser que no sea para vos.

Pero también hay cantidad de ejemplos de tipos que lo intentaron tantas veces y les cerraron la puerta en las narices tantas veces, y siguieron, y finalmente la rompieron.

No sé, ¿querés uno? Messi. Más de una vez Messi se frustró, dijo: «Basta, no juego más». No, boludo, jugá. Es el mejor. A ver, capaz que si soy yo dice: «Bueno, no juegues más, sos un queso, tenés dos pies izquierdos, mejor que no juegues. Creo que no salimos campeones por tu culpa». Si fuera yo. Pero era Messi.

No, boludo. Bueno, al final insistió el tipo y ahí está. Capaz que este año alguna alegría más nos dé. Pero el tipo insistió. Estamos hablando del número uno. Y estamos hablando de un tipo de talento extraordinario.

Pero él no llegó a ser campeón por el talento extraordinario, que también, obvio que también. Llegó porque siguió. Porque de todas esas veces que realmente dijo «se va todo acá abajo, la verdad no soporto más la presión, no puedo, la gente desconfía de mí, dicen que juego mejor en Barcelona y que acá no tengo alma, que no canto el himno, que no tengo corazón, que no tengo sangre, que Maradona es el mejor, listo, se va todo a la mierda, no soporto más esta mugre», al final siguió.

Seguir no significa insistir ciegamente.

Y estaba ahí nomás. Fue fácil, ni te cuento cómo fue el último partido, pero llegó. Entonces, ¿qué quiero decir con esto? Hay que seguir.

Ahora, tampoco es seguir cuando toda la evidencia te indica que no es el camino. Deberás pivotar, deberás cambiar. Porque esto también. Pegarte contra la pared 45 veces, no es por ahí.

Pero hay muchos casos, y a mí me llegan, de gente que viene desesperada, que nada le funciona, y al final son tres boludeces que había que arreglar y las cosas empiezan a funcionar. ¿Por qué? Porque no estaba viendo con claridad, porque le faltaba algún conocimiento, porque le faltaba una visión distinta, enfocada desde otro lado.

Entonces, fundamental esto también: si te caés, que no sea «ya está, knockout de tu vida». No. Listo, ya está, sigo intentando.

Salvo que no quieras. «Mirá, mejor me busco un laburo». También podés. Porque todo nace del convencimiento, de la certeza, de que te vas a quedar con el corazón contento y de que vas a poder dormir por las noches. Listo, ahí sí, hacé lo que quieras.

Pero irte al jonca con la sensación de no haberlo dado todo y de haberte dado por vencido cuando todavía había nafta, la verdad es que no te lo deseo.

Siempre va a haber algo que no funcione.

En síntesis, siempre va a haber algún fracaso, alguna equivocación, algo que no funcionó. Son las reglas del juego. Esto se hace de esta manera.

Así que lo que espero es que estas sugerencias, comentarios, puntos de vista, tomalos como te guste, te hayan servido.

Y ponerte en acción implica que vas a fracasar alguna vez. Seguí. Nada más, seguí.

Si querés que te ayude contame sobre tu negocio en el formulario.
Te voy a responder para decirte de qué manera puedo ayudarte a mejorar tu vida mejorando tu negocio con marketing
.