2120 Hago en 40 minutos lo que antes me llevaba cinco días
De varios días a 40 minutos
Antes preparar y enviar una propuesta comercial a un posible cliente podía llevarme cinco días. No eran cinco días trabajando sin parar: eran distintos bloques de tiempo para analizar el negocio, anotar lo que encontraba, ordenar las ideas, armar un documento y diseñar el PDF. Hoy hago el mismo trabajo en unos 40 minutos, a veces 50 o una hora, según cuánto quiera profundizar.
No te cuento esto para que copies mi sistema, aunque podés hacerlo si te sirve. La idea es mostrarte un proceso que quizá te inspire a mirar tu propio negocio y preguntarte qué parte podrías resolver de una manera parecida. Esto forma parte de lo que llamo una agencia unipersonal de marketing y contenidos impulsada por inteligencia artificial y automatizaciones.
Hace más de siete años que hago este podcast y, a partir de ahí, me fui convirtiendo de a poco en consultor de marketing. Me defino así porque necesito explicar qué hago, no porque me guste ponerme una chapa. Quien escucha el programa puede tener un problema con su negocio, visitar mi web y completar un formulario para contarme qué necesita.
El formulario ya filtra y organiza la consulta
Diseñé el formulario guiando a la inteligencia artificial para que completar la consulta fuera lo más fácil posible. Casi todo se responde tocando botones. Por ejemplo, si alguien elige Instagram entre sus redes, después aparece el espacio para agregar el enlace o el nombre de su cuenta. Hay algunos datos que sí necesitan escribirse, pero traté de reducir esa fricción.
El formulario me da un primer panorama del negocio y de su situación. Antes recibía esa información y empezaba a revisar manualmente Instagram, Facebook, LinkedIn, la página web y los contenidos. Anotaba qué faltaba, qué sobraba y qué podía mejorarse. Nunca mando una propuesta general para todo el mundo: miro el contexto real y, a partir de lo que encuentro, pienso qué conviene trabajar.
Ahora, cuando llega una consulta, una automatización valida los campos y aplica un filtro de capacidad de inversión. Si el monto que la persona puede invertir queda por debajo del umbral que definí, le propongo una consultoría por videollamada: analizamos su caso, le doy una estrategia a medida y después la implementa por su cuenta. Si supera ese umbral, evalúo qué servicio puedo ofrecerle según la realidad de su negocio y sus canales.
Cuando la consulta pasa ese filtro, aparece una tarea en mi calendario de Google. Ahí empieza el trabajo que requiere mi mirada: tomar las respuestas, entender el problema y revisar los materiales del negocio. Muchas consultas tienen necesidades parecidas —por ejemplo, mejorar los contenidos y poder producirlos con menos fricción—, pero el contexto cambia y también cambia mi propuesta. Por eso mi criterio tiene que seguir en el medio.
Yo analizo y dicto; después trabaja el sistema
Reviso lo que me compartió el posible cliente: su Instagram, su web, sus publicaciones, la propuesta de valor, el texto de la página, la estructura y la jerarquía de los contenidos, entre otras cosas. Busco puntos de mejora que se puedan ver con claridad. Mientras hago ese análisis, dicto mis observaciones. Esa parte puede llevarme 30 o 40 minutos, o una hora si quiero profundizar más.
Cuando termino, el dictado desordenado se guarda en una carpeta que está conectada con el resto del proceso. Una automatización detecta el archivo nuevo y activa una skill hecha a medida. La skill toma mis notas y las convierte en seis documentos Markdown. Son archivos de texto plano con una estructura definida, un formato que uso cada vez más porque muchas veces los agentes son quienes tienen que trabajar esa información.
En esos seis documentos queda organizado el contexto del negocio, lo que propongo, el servicio, los pasos, las mejoras que se podrían esperar y las condiciones de pago y contratación. La skill no inventa mi análisis: ordena lo que dicté para que la siguiente parte del sistema pueda usarlo.
De las notas salen la propuesta y el envío
Después, otra parte de la automatización convierte esos documentos en dos entregables: un PDF y una página HTML. La página incluye el nombre de la persona, un audio grabado y la propuesta con las condiciones correspondientes. Los tres formatos mantienen la misma estructura: la información que quedó en los documentos Markdown también aparece en el PDF y en la página.
La estructura está pensada para cada formato. El título del documento, en el HTML, se transforma en un saludo personalizado, como “Hola, Juan”. Los encabezados H2 forman secciones que visualmente funcionan como tarjetas. Dentro de cada tarjeta, los H3 se muestran como acordeones que se abren al tocar el signo más. Así, una misma organización se puede presentar de distintas maneras sin cambiar la propuesta.
Cuando los archivos están listos, la propuesta se envía automáticamente por el canal que la persona eligió: WhatsApp o correo electrónico. El flujo completo conserva el trabajo de toda la vida —entender al potencial cliente y prepararle una propuesta—, pero las partes mecánicas ya no me ocupan varios días. Mi tiempo queda concentrado en analizar el negocio y darle una devolución útil.
Automatizar sin delegar el criterio
La idea de una agencia automatizada no es que yo desaparezca del proceso. Quiero dedicarme a lo que no puedo ni quiero delegar: mi criterio, mi experiencia, mi creatividad, mi punto de vista y mi conocimiento. En cambio, confeccionar un PDF, estructurar un documento o enviar un correo son tareas que sí puedo delegar a la tecnología.
En este flujo se combinan herramientas de Google Workspace, automatizaciones en n8n en mi propio servidor y la intervención de inteligencia artificial en puntos específicos. La tecnología se ocupa de validar datos, ordenar información, preparar los archivos y distribuirlos. Mi intervención define qué mirar, qué significa lo que encontré y qué solución tiene sentido para ese negocio.
No hace falta que mañana armes una automatización enorme. Tiene sus bemoles: no es solamente conectar servicios, también hay decisiones estratégicas. Por ejemplo, tuve que definir cómo se organizan los documentos para que esa estructura sirva tanto en el PDF como en el HTML. Esas decisiones se toman pensando el sistema, probándolo y mejorándolo.
Empezá por elegir un proceso que repetís y fijate dónde podrías incorporar una automatización o inteligencia artificial. En un mundo donde cada vez hay más herramientas, el criterio profesional es lo que hace la diferencia. Si yo mandara propuestas genéricas, podría ahorrarme incluso esos 40 minutos: le pasaría el correo del cliente a una herramienta y le pediría que escriba una propuesta. Pero ¿dónde estaría el valor de lo que ofrezco?
El valor está en mi criterio y en que la persona vea que realmente miré su página y su Instagram, y que estoy pensando una solución a medida. La tecnología debería liberar tiempo para que puedas hacer mejor aquello que te hace único. Si la usás para dejar de aportar tu conocimiento y tu mirada, el camino es muy corto. Automatizar sirve para sacarte trabajo repetitivo de encima, no para borrar lo mejor de tu trabajo.
Si querés que te ayude contame sobre tu negocio en el formulario.
Te voy a responder para decirte de qué manera puedo ayudarte a mejorar tu vida mejorando tu negocio con marketing.