2118 Si no lo podés demostrar no lo vendas
La coherencia también forma parte de tu marketing
Podés decir que sos experto, que tu servicio funciona o que ayudás a conseguir determinados resultados. Pero si tu propia realidad contradice lo que vendés, tenés un problema. La gente no es tonta: mira lo que decís y también las señales que das con tu negocio.
Hace un tiempo me contactó una persona que quería construir un negocio como coach, alrededor de la manifestación, la metafísica, la ley de atracción y la abundancia. Era un popurrí de temas. No me interesa discutir acá si esas creencias están bien o mal. Si hubiera visto una propuesta seria, con una persona que la encaraba profesionalmente y de buena fe, podría haberla ayudado con su marca personal y su marketing.
Hay actividades que directamente no tomo porque no las comparto. Si alguien me pide marketing para vender cachorros, por ejemplo, le digo que no. También puede pasar con una propuesta política que no me representa. No soy de los que dicen “soy profesional, vendo cualquier cosa”. En este caso, en principio, la propuesta parecía atendible, aunque algunas cosas me hacían ruido.
La propuesta y la realidad tienen que coincidir
Le pedí información sobre su negocio, como suelo hacer con un posible cliente. Vi señales que no terminaban de cerrar, pero pensé que quizás le faltaban habilidades de comunicación, diseño o desarrollo web. A veces algo tiene poca calidad simplemente porque la persona todavía no sabe cómo resolverlo.
Le mandé un presupuesto con una propuesta de trabajo y, unos días después, me contestó que el plan le interesaba mucho, pero que no podía pagarlo en ese momento. Ahí me cayó la ficha: me hablaba de la ley de atracción, de manifestar y de que el dinero es energía, pero no podía pagar el servicio que quería contratar.
No pensé necesariamente que quisiera engañar a alguien. Me dio más la impresión de que estaba perdido. Pero si todavía no lograste esa abundancia en tu propia vida, ¿cómo le vas a vender a otra persona la idea de que puede alcanzarla? La contradicción entre lo que prometés y lo que podés mostrar termina debilitando tu propuesta.
Cuando evalúo a un posible cliente, miro el negocio y también a la persona: su rutina, sus hábitos, su personalidad y lo que me cuenta. Necesito ese contexto para pensar una estrategia a medida. No es una cuestión de buscarle el pelo al huevo, sino de entender si hay algo sólido detrás de lo que quiere vender.
Lo que mostrás también habla de tu trabajo
Hace poco vi el contenido de una agencia que hablaba de publicidad y marketing. Sus videos en YouTube tenían unas pocas centenas de vistas, alguno llegaba a mil y pico. Si sos una agencia que asegura tenerla clarísima con el contenido orgánico y el paid media, es lógico que alguien se pregunte por qué no aplicás ese conocimiento para llevar tráfico a tu propio contenido.
Yo también sé que alguien puede escuchar mi podcast, buscarme en redes y encontrar perfiles desactualizados. Tengo redes, pero no les di bola: hay contenido viejo o directamente no hay publicaciones. Si alguien mira solo eso, podría pensar que no hago lo que enseño.
La diferencia es que tengo una base que sí puedo mostrar: hace siete años y medio publico un episodio todos los días en Spotify, hablando de marketing y de los temas que trabajo. Si no tuviera el podcast, sería un fantasma total: un tipo que habla de marketing sin redes activas, sin contenido y sin nada que muestre su recorrido.
Esto no significa que todos los negocios tengan que publicar todos los días. Significa que, si decís que sabés hacer algo, necesitás alguna evidencia coherente con esa promesa. La gente puede no conocerte y va a buscar señales para decidir si confía en vos.
No vendas una imagen que tu negocio contradice
Me pasó también con una persona que ofrecía papelería comercial. En el texto de una publicación explicaba muy bien las ventajas de tener una imagen coherente: el branding, el manejo de los colores y todo lo que una marca puede transmitir con un buen diseño. El argumento estaba perfecto. El problema era que, cuando entrabas a su Instagram, eso no aparecía por ningún lado.
A veces pasa eso de “en casa de herrero, cuchillo de palo”, pero no podés salir a vender branding si quien mira tu perfil encuentra cada publicación de un pueblo distinto. No hay una paleta de colores ni una tipografía coherente; cada pieza parece hecha con la plantilla de Canva que te gustó ese día. La propia presencia del negocio desmiente lo que promete.
Lo mismo ocurre con un entrenador personal que promete ayudar a perder peso, mejorar el estado físico y tener hábitos saludables, pero no refleja nada de eso en su propio ejemplo. No se trata de exigir que todos tengan una vida perfecta; se trata de notar si hay una contradicción demasiado grande entre lo que ofrecés y lo que transmitís.
Revisá la promesa desde afuera
Preguntate qué querés que la gente crea de tu negocio y qué estás prometiendo. Después mirá las señales concretas: tus publicaciones, tus videos, tu forma de hablar y lo que dice tu página web. Sobre todo, preguntate si estás mostrando con tu propio ejemplo aquello que ofrecés.
Esto va más allá de publicar dos o tres casos de éxito. Buscá si existe una contradicción entre la promesa y la realidad que percibe un posible cliente. Quizás vos sí conseguís buenos resultados para quienes te contrataron, pero alguien que todavía no te conoce no tiene forma de saberlo porque no lo comunicás. En ese caso, el problema puede ser que no estás transmitiendo confianza.
Podés usar inteligencia artificial para revisar y mejorar esa comunicación. La idea es que haya una alineación concreta entre lo que prometés y los resultados que mostrás, incluyendo tu propio ejemplo cuando corresponda. Lo que decís sobre tu negocio importa, pero pesa más lo que mostrás y cómo lo interpreta la persona que podría contratarte.
Si querés que te ayude contame sobre tu negocio en el formulario.
Te voy a responder para decirte de qué manera puedo ayudarte a mejorar tu vida mejorando tu negocio con marketing.