1867 Básicos del marketing: propuesta de valor.

Seguimos con el ciclo Básicos del Marketing. Hoy, martes 7 de octubre de 2025, episodio 1867, te explico qué es realmente una propuesta de valor, cómo se relaciona con tus clientes y con tu competencia, y cómo crear una que de verdad funcione

Bienvenid@s a otro episodio.

Bienvenida y bienvenido a marketing para gente como uno.

Soy Carlos Malfatti, Consultor de Marketing y nos encontramos otra vez para hablar de Marketing, Emprendimiento, Redes Sociales, Contenidos, Publicidad y todo lo que tenés que saber para llegar a más personas, captar más clientes y vender más en internet.

Si tu propuesta de valor suena igual que la de todos, no es una propuesta de valor, es puro ruido. En esta entrega de «Básicos del Marketing», vamos a desarmar la tan maltratada propuesta de valor, olvidándonos de las plantillas de «ayudo a X a lograr Y». Te explico por qué tu verdadero valor nace de entender a tu cliente ideal y cómo encontrar esa «joyita» única de tu negocio que te permitirá diferenciarte y dejar de competir por precio.

La propuesta de valor no es una fórmula para rellenar casilleros.

Siguiendo con esta serie de básicos del marketing, vamos a hablar de la tan bastardeada, pisoteada y maltratada propuesta de valor. ¿Por qué digo esto? Porque muchos dicen «propuesta de valor» y te dan una plantilla: «bajate esta plantilla y cambiá donde dice ‘hola, soy X y ayudo a Y a mejorar Z'». Bueno, eso no es una propuesta de valor, es una paparruchada.

El problema de este tipo de fórmulas mágicas es el mismo que cuando vas a la escuela y te aprendés algo de memoria pero no entendés el proceso. No te sirve. Por eso es fundamental que te alejes de esas tontas fórmulas que te cuentan en un Reel de 30 segundos.

La verdadera propuesta de valor: lo que tu cliente valora, no lo que vos creés.

Entonces, ¿la propuesta de valor qué es? Salir a ofrecer algo que alguien valore. Y no es una definición estúpida. ¿Dónde reside su importancia? En que, al igual que ayer, te obliga a pensar en alguien: en el que tiene un problema. Si pensás en la propuesta de valor como algo que es valioso para alguien, te obliga otra vez a pensar en tu potencial cliente.

No es que vas a inventar una frase bonita para engatusar a la gente. La propuesta de valor nace de ese cliente ideal, de su contexto, lo que necesita y lo que valora. De otra manera, caés en lo genérico.

El ejemplo del restaurante con vista al mar: ¿vendés fideos o una experiencia?

Vamos a un ejemplo. Tenés un restaurante con vista al mar, quizás el único en tu ciudad. Pero como no le das bola al marketing y copiás lo que hace el vecino, ves que él dice «promoción, tallarines, vienen dos, paga uno» y hacés la misma babosada. Y perdés mucha plata.

¿Por qué? Porque capaz no te has dado cuenta de que la gente va a tu restaurante no por tus platos ni por las ofertas; va porque quiere comer al lado del mar. ¡Epa! Y si sos el único que puede ofrecer esa experiencia, ¿por qué carajo tendrías que copiar a los demás y salir a captar un cliente que viene por oferta? Salí a captar a un cliente de mayor poder adquisitivo a quien le brindás la experiencia de comer frente al mar.

Una vez que entendiste eso, decís «puta, pará». La razón por la que te compran es el valor que para ellos tiene tu negocio. A partir de eso construís la propuesta de valor.

Encontrá tu joyita para diferenciarte y dejar de pelear por precio.

En mis consultorías, lo primero que se analiza es el contexto del cliente para tratar de encontrar estas perlitas, estas joyitas, para construir una propuesta de valor. Porque, en definitiva, la propuesta de valor también sirve para diferenciarte y posicionarte. Para no salir a hablar lo mismo que los demás. Quien termina siendo genérico en su mensaje, termina peleando por precio.

Imaginate que sos editor de video y salís a ofrecer «pack de 10 videos por 300 dólares». Eso no es una propuesta de valor. El tipo que te va a contratar no tiene idea de edición, y en su cabeza no está la conversación de «elijo 8 o 7 videos». El tipo quiere vender más. De modo que si enlazás tu servicio con su problema y lo empaquetás con una potente propuesta de valor, no solo vas a vender más, sino que vas a poder cobrar más. Porque va a ser un cliente que viene por valor, no por precio.

Olvidate de las frases hechas y usá la IA para pensar, no para copiar.

Dos cosas y con esto cierro. Olvidate de las frases hechas y empezá a pensar por vos. Cuando te digan «propuesta de valor», entendé de qué va esto. ¿Por qué es valioso algo? Porque la persona a quien le vendo le ve valor. ¿Y en qué me cambia la vida como dueño de negocio? En que si salgo a ofrecer valor en vez de algo genérico, gano más dinero.

Y si no tenés idea, podés decirle a la inteligencia artificial que te dé una mano. Pero por favor, decile: «mirá, escucho a un loco que hace un podcast y me dice que no me des plantillas pelotudas. Decime realmente cómo puedo tener una propuesta de valor potente». Tu propuesta de valor es el puente entre tu negocio y tu potencial cliente. Si no la tenés clara, el mensaje se pierde. Cuando la encontrás, el contenido, los precios, la comunicación, todo es mucho más fácil.

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