2030 Cómo prepararte para emprender.

Emprender no es abrirte una cuenta en Instagram y esperar la vida soñada.

Emprender no es tener una idea, abrirte la cuentita en Instagram y esperar a que, de repente, tengas la vida soñada. «Listo, no tengo jefe, hago lo que se me canta». No, no, no. Emprender es otra cosa medio distinta, tiene sus bemoles, sus características, su parte buena, su parte no tan buena, y vos debés preparar principalmente el balero, la cabeza, la mentalidad para emprender.

Hay que quitarse de encima la fantasía de emprender. No la fantasía en el sentido de matar la emoción de decir «quiero emprender», sino ver la realidad más allá de toda esa cosa que nos cuentan por ahí.

Antes de tirarte a la pileta, preparate. Y más importante aún, o igual de importante, luego de empezar es sostener.

Hoy, en el mundo de redes sociales y de contenido, te muestran el éxito como algo que te tirás un pedo y ya lo tenés. No es así. Muchas veces hay demasiada idealización, demasiado glamour en esto de emprender, y además de forma muy delicada se lo asocia con libertad.

El que trabaja para un negocio está esclavo, el que emprende es el capitán de su propio barco, tiene libertad y hace todo lo que quiere. Las pelotas. El tipo que labura para alguien, suena la campana, se va a su casa, se rasca el higo más de lo que se rasca laburando para alguien. No es el caso de todo el mundo, pero mamita querida, veo cada cosa que ni te cuento.

Ese tipo el fin de semana va, hace lo que quiere, se va a la playa. El que emprende no tiene fin de semana, no tiene la vida, no tiene regalo de la vida, no tiene aguinaldo, no tiene nada. Sí tiene la ilusión de decir «soy libre». Pensalo un poquito mejor esto de «soy libre».

La libertad de emprender también trae quilombos.

Ahora, te estoy presentando acá un escenario dramático, pesadillesco. No es tan así. Te lo dice alguien que viene emprendiendo y no te lo cambio por nada.

¿Sabés lo que es para mí? Ahora tengo que volver a salir a andar en bici por la costa, que no lo estoy haciendo, pero cuando lo hacía, ¿sabés qué locura ir a la hora que yo quiero, que era cuando salía el sol? Me salía el sol, yo en la bicicleta y la gente apiñada en el colectivo, yendo a trabajos que no le gustan.

¿Sabés lo que vale eso para mí? Muchísimo. Vale mucho más. Si en la balanza pongo todos los bolonquis que hay que gestionar y del otro lado pongo ese grado de libertad, sí, me quedo con eso. Pero ojo, no dejo de ver que hay un montón de bolonquis del otro lado.

Si no sos de Argentina, bolonqui es una manera de denominar a quilombo, y quilombo significa problema, lío, despelote, etcétera.

Entonces, primera sugerencia, consejo o punto tratado en este episodio: cuidadito con pensar que emprender es tirarte pedos de colores, llenarte de oro, irte a vivir a Dubái y comprarte la Lamborghini, la casita, como esos pibes que tienen 18 años y dicen: «Yo tuve una vida de mierda, a los 13 todo».

Tuviste una vida de mierda a los 13. Bueno, te querían cagar a palos en el recreo, así que no vengas con esa, porque yo también la viví y la verdad no sabía qué hacer de mi vida. Flaco, yo no supe qué hacer de mi vida hasta los 35.

«Y de repente se me ocurrió esta automatización». Bueno, te felicito. «Y ahora me compro una casa». No quiero ir más a fondo porque si digo dónde se la compró y qué casa, ya vas a saber de quién hablo. Pero no importa. Te felicito, flaco, ojalá sea cierto.

Pero no, no es tan así. Que de repente no sabía qué hacer de mi vida y gracias a GPT monté una agencia donde asesoro a todos, no sé qué, no sé cuánto, y ahora tengo siete camionetas, cuatro casas, cinco novias, dos perros, un perro con dos cabezas y dos colas, porque con dos colas me siento más querido. Red flag, alarma. Probablemente no sean así las cosas.

Entonces atenti. Ojito con el sueño emprendedor que te venden. Hay mucho bueno, por eso yo emprendo, punto. Pero no todo lo que reluce es oro.

Antes de tirarte a la pileta, preparate.

Por eso es importante que cuando vayas a emprender, salvo que estés en bolas porque te quedaste sin laburo y no sé qué, bueno, flaco, salí a vender empanadas que hizo tu tía y salí a venderlas a la cancha. Ya no hay tiempo que perder.

Lo digo yo, en mi puta vida iría a vender empanadas a la cancha. Ojalá, va, nunca tuve la necesidad, quizás por eso jamás fui a vender empanadas a la cancha. Pero digo, hay casos y casos.

Si vas a hacer un aterrizaje programado, pensado de manera estratégica, tenés que tratar de revisar el tiempo, el dinero que tenés, la energía, cuánto tenés para invertir. Tener un pequeño, aunque sea mínimo, estudio de mercado. Tener un panorama de qué ocurre ahí donde vos querés meterte a emprender.

Porque si no te ordenás vos, si no tenés una idea clara del contexto, de lo que hay que hacer, de cómo funciona eso que vos querés hacer, de quiénes tienen éxito, de quiénes chocaron la calesita, probablemente seas de los segundos.

Para mucha gente emprender significa: «Ah, listo, resulta que mi prima teje bufandas, entonces voy a abrir un Instagram y vender bufandas». Bueno, tal vez tengas éxito, pero emprender no es abrir un Instagram, sacar una foto a la bufanda y decir: «Hola, amigos, hago bufandas, ¿puedo vender?».

No estoy diciendo que no. Mucha gente vende así. Pero bueno, pan para hoy, hambre para mañana. Y reitero, no es una crítica a quien lo haga. Mejor que lo haga. O sea, no quiero llevarte a tener miedo, a limitarte, a no arrancar jamás.

Pero sin sobrepasarte, sin pasarte de rosca y querer investigar en profundidad todo, siempre es bueno saber más o menos de qué va el tema.

Prepararte no te garantiza nada, pero improvisar te complica más.

El otro día hablé del caso de Elon Musk, hablando del fracaso. Elon Musk tiraba los cohetes, explotaban y no sé qué. Pero dije: no le explotaban porque era un idiota y se puso a hacer cohetes cuando no tenía ni puta idea. No. El tipo creó una empresa, contrató talento, aprendió muchísimo él mismo de todo, y su forma de validarlo era tirar el cohete. Si se reventaba, a ver por qué reventó. Punto.

El tipo se preparó para eso y aun así casi quiebra. Aun así casi quiebra SpaceX. Entonces digo: no es tirarse a la pileta. Tenés que al menos entender cuáles son tus DAFO, las oportunidades y amenazas que hay, tus debilidades, aquello que tenés de fortaleza. Todo esto te va a servir.

Hay cantidad de material en internet. Y en estos siete años, en estos 2030 episodios, a ver, la cantidad de cosas que tenés sobre esto. Porque el asunto es que te va la vida. Y si vos arrancás así nomás, a la Bartola, el resultado puede no ser el que esperabas.

Entonces mejor tomártelo con la responsabilidad que el tema requiere.

Porque muchos negocios, a mí me da mucha pena, me da muchísima tristeza verlo. Te lo digo caminando por el barrio. Abrió una nueva dietética. «La abrimos, no sé qué, 50% de descuento». Ahí está la familia, la chica con el bebé, el marido, todos contentos, sonriendo.

Pasás dos semanas después y están con cara de preocupados. Pasás tres semanas después y ya las ojeras. Pasás cinco semanas después y están desencajados. Y después pasás y ya no están.

Esto lo he visto en mi barrio los últimos años. Es un patrón. No es una cosa que ocurre una vez. Esto ocurre en el mundo.

¿Por qué? Porque la gente piensa que es fácil. «Ah, conseguí un distribuidor de pendorchos. Tienda de pendorchos, el mejor pendorcho, la mejor calidad de pendorcho, el mejor precio, Pendorcho Hermanos». No, flaco, no alcanza con eso.

El marketing puede ser la diferencia entre cerrar o no cerrar.

¿Por qué me pongo tan rompepelotas con el tema del marketing? Porque hace marketing y lo quiere vender. Sí, pero ¿por qué lo quiero vender? Porque es la diferencia entre que cierre o no cierre el negocio. Es la diferencia entre que arranques con el pie derecho o no.

No hay garantía. Esto es marketing, no magia. Pero mejor te va si vos entendés de qué estás hablando, si entendés que no basta con abrir la persiana ni poner el producto y decir: «Listo, ya está, vendo esto». No sos la única persona que lo vende.

Ya te lo dije durante todo el año pasado: en 1980 cualquier boludo ponía… No, en 1980 no era fácil poner un negocio. Lo ponía si tenías la vaquita, por lo general. Hoy cualquier pelotudo pone un negocio. Y el que gana plata es el que le vende a los negocios: el mayorista.

Porque los negocios son los que van cambiando. El mayorista por lo general se mantiene. El tipo que vende insumos para uñas esculpidas, o lo que sea, para salones de uñas, se llena de oro. Las que abren salones de uñas duran un año, dos años, cierran. Abren, cierran, abren, cierran.

¿Por qué? Porque no tienen nada que sostenga su negocio. Porque pensaron, creyeron, que bastaba con abrir el negocio. No. Por eso es importante no arrancar a la Bartola.

Porque además el otro gran problema es que toda la energía, toda la cabeza, todo el pensamiento, toda la estrategia, cuando la hay, están puestas en arrancar. «Voy a poner un negocio». Listo, pusiste un negocio. ¿Y qué sigue?

Arrancar no es lo más importante: sostener es la parte difícil.

Es como casarse. «Ay, no hace nada me encantó, tuvimos una noche ayer, te quiero. ¿Te querés casar conmigo?». «Sí». Listo, casados. Ok, ¿los 50 años demás qué carajo van a hacer?

Yo no me casé, pero imagino que es así. Me casé, listo, ¿y ahora cómo sostenemos el casamiento? Porque la luna de miel, estas primeras semanas, listo. Cuando el loco te deje los pelos pegados en el azulejo porque se afeita abajo de la ducha, o el calzoncillo sucio ahí, ¿qué vas a hacer?

Cuando te diga: «Los miércoles me voy a jugar al pádel con los amigos». Pero, ¿tenés 35 años? ¿Qué vas a hacer?

Ojo al piojo: arrancar no es lo que más importa. Aunque ojo también, hay que arrancar. No es fácil poner un negocio. Sea un negocio físico, vendas productos, vendas servicios, sea un emprendimiento, no importa. No es fácil. También tenés que animarte, cambiar tu cabeza y la lora.

Pero arrancar, en definitiva, no te garantiza facturar. No alcanza con «ya quiera te gane», y la mujer no llora también factura. No. Shakira factura. Las que la escuchan, llegué tarde igual al comentario, esto pasó hace cuánto, dos años, pero de las que la escuchan el 90% factura una mierda.

Entonces cuidadito con esto. Arrancar un negocio, sí, cualquiera lo arranca. Bueno, no cualquiera. Pero la parte difícil no es arrancar, es sostener.

Es como decir: «Me anoto en una maratón». Podés correr una maratón sin siquiera haber entrenado. Tenés sobrepeso, 30 kilos de más, no corriste en tu vida, no hiciste ejercicio en los últimos 49 años, y podés correr una maratón. Te lo garantizo.

El tema es la distancia. Probablemente corras dos centímetros y te mueras ahí, pero corriste la maratón. Entonces claro, no es «arranco». Es «llego al final». Si no, ¿para qué corno vas a correr una maratón?

Prepararte para emprender es entender el camino.

Y llegar más o menos dignamente, no hecho pedazos, muriéndome. Y no digo que esté mal llegar hecho pedazos. Hay gente que es súper atleta y por lo que sea no pudo sostener el ritmo. Pero arrancar no es el tema. El tema es llegar.

Entonces esto abre a que tengas que reflexionar sobre cómo hago para que este negocio no solamente arranque, sino que se mantenga. Y mejor todavía: que crezca, que escale, que mejore todos sus procesos, los clientes que capta, el valor que ofrece y el precio que cobra por todo lo anterior.

La preparación para emprender es fundamental. No es moco de pavo. No es chiste. Por más que te digan por ahí que es cuestión de animarte, sí, hay que animarse. Pero hay mucho más que animarse.

Hay muchas otras cosas que pueden significar que te vaya bien o te vaya mal. Prepararse no es esperar el momento, sino entender el camino que vas a tener que transitar.

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