1908 Marketing simple para dueños de negocio.

El marketing no es un quilombo, es el contexto.

Si tenés un negocio y sentís que el marketing es un quilombo imposible porque estás todo el día con la cabeza en el negocio, hoy vengo a decirte que hay maneras de tener un marketing y de simplificarlo y que no te robe todo el tiempo. Eso sí, no es soplar y hacer botella, pero si te lo explican bien, lo vas a entender.

Tu realidad es probable que sea la siguiente: estás todo el perro día laburando y bueno, entre que no le diste mucha pelota, que lo intentaste pero te aburrió o que había demasiada información o que contrataste a alguien y, la verdad, te fue para la mona. El marketing es eso que dejás para lo último, como hacerte un electrocardiograma hasta que te agarra el bobazo y decís, «la puta madre, ¿por qué no fui al médico?».

El marketing, queridos amigos, está dentro de las cosas importantes. Y seguro que uno puede gritar ahora y decir, «eh, ¿vos por qué te dedicás a eso?». No, bola, porque es cierto.

La triste realidad: la mayoría de los negocios va a bajar la persiana.

Antes había una panadería, una farmacia, un almacén, una zapatería, una librería. Ahora hay 3 librerías, 4 zapaterías, 7 panaderías, 22 barberías, 58 uñas esculpidas. ¿Y quién puede vender así?

Si además todo el puto mundo hace lo mismo, mismo contenido, mismas redes, digo lo mismo, misma oferta, misma tarjeta, misma promoción bancaria. Claro, mandrá que va a vender, ni en pedo vas a vender.

¿Qué va a pasar? Bueno, la triste realidad de la mayoría de los negocios. Oferta, descuento, compito por precio hasta que no aguanto más y tengo que bajar la persiana. O tengo espalda financiera para aguantarlo y me voy comiendo a los demás, a los que no pueden aguantar y tienen que cerrar.

¿Qué te salva de esto? El marketing. Y te lo dice un tipo que después de los 40 años estaba mirando el techo sin saber qué hacer de su vida y poquito a poco empezó con esto y vivo de esto. Y no es porque vivo hablando de lo que no hago, lo tuve que hacer para mí, para que me funcionara y poder vivir de esto.

Entonces, el marketing hoy es fundamental. Y si hasta ahora no le diste bola, bueno, es tiempo de que le des bola. Por eso te voy a dar así unos sencillos consejitos, como una especie de pequeño mapa, un mapa del tesoro que te va a ayudar. Así que, lápiz, papel o andá a buscar hisopos para meterte en la orejita, limpiarte un poquito, apagá el celu, apagá la tele, dejá de mirar a la vecina que está tomando sol en tanga, por favor, y dame bola, que voy con esto.

El marketing es un puente: conectá problemas con soluciones.

Primero, tenés que saber a quién le vendés. Esto es un clásico. Yo tengo una frase que no la inventé, pero la uso siempre. Quien intenta vender todo a todos termina no vendiendo nada a nadie. Y esto representa al 95% de los dueños de negocios. Quieren vender de todo, a todo el mundo, y esto no funciona.

¿Qué es el marketing? Bueno, el marketing, imaginate lo siguiente. Un puente. De un lado estás vos con tu negocio, con lo que vendés. Del otro lado están los tipos que necesitan lo que vendés. Lo que vos vendés, siempre y en todo lugar, son soluciones para personas. Y estas personas, si requieren soluciones, ¿es por qué? Porque tienen problemas. De modo que el marketing es ese puente que conecta los problemas de un grupo de personas con las soluciones que alguien brinda. Ese alguien puede ser una marca personal, un profesional, un pequeño negocio.

Pero más o menos cortito y resumido es esto. Así que empecé a anotar. Marketing. Hay millones de definiciones. Pero básicamente es esto. Tengo algo para vender, que es la solución al problema de alguien. Pingui y el marketing me permite llegar a ese alguien.

El error del gimnasio: vender máquinas en lugar de autoestima.

Ese alguien no es una entelequía. Es de verdad. Es una persona que tiene sentimientos, que vive, que sufre, que aspira a una vida mejor. Ese cliente o potencial cliente es alguien a quien debés conocer. Porque si no, le estás errando el bochazo.

Ejemplo, vamos a suponer que vos tuvieras un gimnasio. Y vos decís, bueno, me compré la máquina Ultra Gym, la mejor. Entonces, voy a poner en Instagram, voy a hacer publicidad. Voy a poner la foto de mi máquina Gym Insta. Mirá la máquina genial que me compré.

Y no miento, fíjate en redes sociales cuántos negocios, «hola amigos, estrenamos nuestra página web». ¿Y a mí qué carajo me importa que tenés una nueva página web?

Hacer autobombo de una máquina, cuando en realidad, si vos estudiás a tu cliente, te darás cuenta que capaz que el tipo que se anota en tu gimnasio es un tipo que tiene más de 40, que se empezó a quedar dolape, que está engordando, que las minas no le dan bola, que compite con un montón de pendejos. Y un día le hace clic la cabeza y dice, «pucha, estoy yendo barranca abajo. Más vale que haga algo por mí».

Y muchas veces ese algo es el segundo aire. Arranca a andar en bicicleta o se anota en un gimnasio. Entonces, queridos dueños de gimnasio, no hablen de la supermáquina que se compraron. Está bien, háganlo. Pero después, no primero. Porque el tipo no les va a dar bola por la supermáquina. El tipo le va a dar bola si vos decís, «che, vos, gordo, que no te levantás ni a la mañana, vení, te entreno y sos, no sé, George Senegger en seis meses». Ese te va a dar bola.

El error de la casa de tortas: vender muñequitos en lugar de amor de madre.

Vendés tortas. Tortas de cumpleaños personalizadas y ponés el último personaje pedorro que se puso de moda en Disney. Ah, y pensás que tenés derecho a que te den el lápiz de platino. No, porque todos hacen lo mismo.

No, vos lo que tenés que entender es que tu torta, quizás la mejor clienta de tu casa de tortas, es la chica que se separó del marido, ese atorrante que se fue con otra, que le dejó a los dos pibes, que le pasa la guita cuando tiene ganas y que la mina labura como un perro y aún así se siente para el ojete porque no le puede dar a sus hijos lo que quiere.

No le está dando a los hijos lo que quiere y quiere comprar una torta potente para que los chicos digan «¡Ay, mamá, qué rica torta!». Compra la torta por el muñequito que viene arriba, no, no, la compra porque quiere sentirse bien con sus hijos. Mirá todo lo que se me fue en el punto uno, es fundamental entender a quién le vendés.

Las cuatro patas para vender sin publicidad.

Importantísimo entonces, el primer punto, no podés improvisar, realmente tenés que empezar a darte cuenta a quién le vendés. No, «ah, y le vendo a todo el mundo». No, escarbá un poquito, ponete las pilas. Bueno, para ordenar lo que ofrecés, porque si vos tenés bien en claro a quién le vendés, tenés que comunicar.

Voy a unir ahora dos puntos, la oferta con el mensaje, con la comunicación. Pero básicamente es, bueno, listo, ya sé a quién le vendo, y como sé a quién le vendo, debo crear mensajes, ¿para qué? Para que ese potencial cliente de mi negocio me dé pelota.

El episodio de ayer, donde hablé de vender sin publicidad, el foco era crear contenidos, hacerlo de manera orgánica. Pero siguiendo toda una serie de reglas, de buenas prácticas, porque si no, difícilmente, en un universo plagado de cosas que requieren nuestra atención, difícilmente te van a dar bolilla.

1. Entendé tu oferta y tu cliente (El Punto 1).

Listo, si yo ya sé que el tipo me compraría más por estas razones, mi oferta, eso que denominamos propuesta de valor, tiene que considerar la problemática de esas personas. Porque luego, y este es el tercer paso, viene la comunicación.

2. Creá un sistema de comunicación (El Punto 3).

Aquí es donde entra a tallar la identidad, la personalidad de la marca, su identidad verbal, su identidad visual, cómo se ve la marca, qué personalidad tiene, cómo habla. Cualquiera de estos elementos puede ser la diferencia entre que tu negocio se vea exactamente igual que el de tu vecino o no.

Si lográs que no, que te vean distinto, si lográs conectar con un público determinado, si lográs sacar la cabeza en ese océano de negocios que venden exactamente lo mismo que vos, habrás logrado algo que no todo el mundo logra. Quienes lo logran construyen a partir de ahí negocios que generan muchísimos ingresos.

3. Actuá en el canal adecuado (El Punto 4).

Luego, una vez que ya esté un, dos, tres, lo entendiste. Si me quedo sentado en mi casa no voy a vender un cazo. ¿Qué tengo que hacer? Bueno, aunque sea un canal, no te digo que estés en todas las redes sociales, al menos en una. La mainstream, listo. La más conocida, aquella en la que está todo el mundo, Instagram. Pero, ¿estar de cualquier manera? Y no. Porque si estás de cualquier manera, te va a pasar lo que le pasa a la mayoría. Les va para el culo.

Tenés que entender la plataforma. Tenés que entender cómo se consume contenido ahí. Tenés que entender lo que hacen aquellos que tienen éxito. Porque la mayoría dice, «ay, no anda Instagram, los algoritmos, no sé qué, me banean». No, tu contenido es una cagada.

4. Sistematizá para optimizar (La clave final).

Entender a tu cliente, proponer una oferta para solucionar su problema y que diga, «ah, quiero eso. Menos mal, mirá, es justo lo que necesitaba». Y no importa lo que vendas.

Definir cómo lo comunicás, cómo te posicionás distinto, cómo te diferencias de tu competencia. Y luego entender la dinámica y las lógicas del canal que uses. Si es red social, red social. Si es TikTok, es TikTok. Si es newsletter, newsletter. Si es vía pública, será vía pública.

Y una vez que ya le vas encontrando la mano, sistematizar. Sistematizar para poder seguir haciendo todo aquello que te está sirviendo con la menor fricción, de la manera más eficiente, apalancándote en tecnologías como la inteligencia artificial.

Reitero, es muy simple. Obvio, hay que laburar porque solo no se hace. Cuando vos entendés de qué va el marketing, que es sentido común en definitiva, no hay que hacer ningún cráneo. Y te pones las pilas y empezás a aprender y empezás a aplicar. Te equivocás, cambiás, mejorás, optimizás, tenés resultados. Vas a ver que vale muchísimo la pena.