2044 Tu negocio no avanza porque no sabés decir que no.

Decir que sí a todo desordena tu negocio.

La semana pasada, en una consultoría por videollamada, volvió a aparecer el problema que veo todo el tiempo: negocios que están frenados. Y no están frenados por falta de tiempo o de ideas, sino porque hay demasiadas cosas.

En vez de quitar, se agregan cosas. Y también se dice que sí a clientes que no convienen, tareas que no mueven la aguja, urgencias ajenas, respuestas que distraen. Todo esto hace que pierdas oportunidades, pierdas foco, pierdas control. No hay orden.

Cuando tenés un negocio, en definitiva, lo que querés es que el negocio avance. Uno busca siempre tomar mejores decisiones, tener menos desgaste, ser más eficiente. Hacer cosas que den un resultado, que te hagan avanzar, que te hagan mejorar.

Incluso, la lógica sería hacer cada vez menos y tener igual o mejores resultados. Y esto puede darse por la tecnología, por ejemplo con la utilización de inteligencia artificial, pero también puede darse por un cambio de mentalidad.

Como decía, la semana pasada tuve una consultoría con un dueño de negocio al que no le va mal. Y sin embargo, tenía todo patas para arriba: demasiadas ideas, demasiadas tareas, demasiados pedidos, clientes, propuestas, reuniones y urgencias. Cero filtro.

Para colmo, en el caso puntual de este cliente que vino para que lo asesore, se encargaba prácticamente de todo. La típica pyme con más de diez empleados que el dueño fundó hace unos años y se encarga prácticamente de todo: de visitar a los clientes más antiguos, de ponerse a diseñar el catálogo, de reunirse con fulano, mengano y sultano. Prácticamente para cualquier decisión del negocio está presente.

Antes de delegar, hay que priorizar.

Acá encontramos varias cosas. Puede costar delegar, pero previo a que te cueste delegar, hay un problema de priorización. Y no de priorización desde el punto de vista de hacer, porque como lo hace ahora, todo es importante.

La pregunta es: qué hago, o mejor dicho, qué objetivo persigo. Qué es lo que quiero lograr y qué es lo que tengo que hacer. Pero más importante todavía: qué tengo que quitarme de encima.

Qué problemas, qué cosas o qué tareas ya no tengo que hacer o no debería hacer. Qué actividades tengo que delegar. Dónde tengo que aplicar tecnología. Dónde tengo que crear sistemas para que alguien pueda hacerlo, o para que, en el caso de que lo haga yo, poniéndome en los zapatos de mi cliente, me lleve menos tiempo.

Porque el problema es que hacer todo desordena tu negocio. Estás todo el día ocupado, como le pasa a él, pero no hay avance. Las cosas que tendrían que resolverse en horas a veces demoran días porque hay un enorme cuello de botella.

En este caso, el cuello de botella era su dueño, fundador, que quiere estar en la misa y en la procesión. Y como fue el artífice de crear ese negocio, prácticamente todo el manejo del mismo está en su cabeza.

Es el típico dueño de negocio que, si se enferma, todos están desesperados porque la mitad de las cosas no saben cómo hacerlas. ¿Por qué? Porque las hace el dueño.

En este caso era el dueño, pero también lo he visto con gerentes, con encargados, con socios. Quizás lo tuyo no sea tan grave como el ejemplo de este cliente mío, pero todos tenemos un poquito de eso. Un poquito de querer ser hombres o mujeres orquesta. Y decir que sí prácticamente a todo.

Yo también le decía que sí a todo.

Yo cuando arranqué era así. Ahora me curé de espanto, ya pasaron unos cuantos años. Ahora prácticamente digo que no a todo de entrada.

Por ejemplo, en lo que hago yo, la capacitación es súper importante para poder venir acá y grabar un episodio, como lo hice durante estos más de siete años cada día. Pero también tengo que aprender.

Cuando arranqué, estaba suscripto, y no te miento, a unas treinta newsletters de colegas, de otros creadores de contenido, de otras áreas. Hasta que finalmente me saqué de encima todo eso.

Con clientes también me pasaba. Clientes que no me redituaban, pero me daba no sé qué decir que no. Por temor, porque no me entraba ninguno, cuando empecé. Entonces era como que le decía que sí a todo.

Escuchaba colegas, otros creadores de contenido que hablaban de emprendimiento o de lo que sea. “Tenés que hacer esto, tenés que hacer aquello”. Yo iba y trataba de hacer esto, trataba de hacer aquello.

Sin siquiera ponerme a pensar si realmente, primero, era para mí. Segundo, si le iba a dar un resultado a mi negocio o me iba a dar un resultado a mí en tanto desarrollo profesional. Y tercero, si era el momento de hacer eso.

Y empecé poquito a poco a entender que el juego no va de hacer lo máximo posible y todo. No va de decirle que sí a todo el mundo, hacer todo lo que hay que hacer, leer todo lo que hay que leer y mirar todos los videos que se pueden mirar. No, porque se te consume el día.

Cada sí tiene un costo.

Cada sí que das, cada cosa que hacés, cada tarea que te cargás en los hombros, cada actividad de la que te encargás sin filtrar, tiene un costo. Un costo en tiempo, un costo en energía, en atención, en dinero, en capacidad operativa y en foco.

Reitero el típico ejemplo de la persona que gestiona un negocio o que es emprendedor y trabaja por su cuenta. Está todo el día ocupado, pero no avanza. O el avance es muy lento porque hace un montón de cosas que tal vez no debería hacer.

Entonces, ¿qué es lo que vos tenés que plantearte y cómo deberías atacar esto si lo que te estoy contando resuena con vos, como le pasó a este cliente que me contactó?

Hacé un listado de tus actividades. Lo podés hacer en la computadora, en el cuaderno, o se lo podés dictar a ChatGPT. Podés tener un micrófono, un headset, e ir diciendo cada cosa que hacés: “Hoy, a esta hora, estoy haciendo esto”.

Además, incluso le podés decir: “Mirá, quiero analizar si realmente todas las tareas que estoy haciendo para mi negocio son relevantes, si las podría delegar, si las podría mejorar, si podría con esto crear un sistema o directamente no hacerlas. Entonces yo te voy a ir dictando cosas, cosas random. No hagas nada, no escribas nada, vos dejá que yo te voy dictando. Y cuando termine la semana, vamos a conversar y vos me vas a ayudar”.

Esto lo podés hacer con inteligencia artificial. Pero también lo podés hacer por tu cuenta, anotando en un cuaderno y llevando la lista de lo que hiciste. Y luego tomándote un tiempo para reflexionar, con honestidad, con crudeza, a ver si realmente eso que hacés lo deberías hacer vos, lo tendrías que delegar o directamente no hacerlo.

No hace falta hacer de todo.

La típica matriz de Eisenhower incluso puede servir: lo importante, lo urgente, lo que se hace, lo que no, lo que se delega. Muchas veces uno dice que sí por hábito, por costumbre o también por culpa. “A mí no me da, esta buena, sí, lo hago”. “Mirá, llegó este tipo, este cliente, no lo podemos atender, bueno, sí”. O por miedo a perder una venta, o por no quedar mal.

Pero cada decisión tiene un costo. En ese costo, como dije recién, se te va el dinero, se te va la energía, se te va el foco, se te va el tiempo.

Entonces, separá las cosas. Fijate lo que realmente mueve tu negocio. Podés incluso hacer un DAFO: fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas. Hacer un DAFO y decir: “Bueno, ¿en qué soy bueno o en qué soy buena para ocuparme de eso y que de lo otro se ocupe otra persona, una tecnología o alguien contratado afuera?”.

No es sano que alguien haga de todo. Salvo, por supuesto, si vos estás arrancando, como todos hemos arrancado.

En mi caso, sigo trabajando solo. Me encanta trabajar solo. Pero no por trabajar solo le digo a todo que sí. En algún momento lo hice y me la pegué en la pera. Ahora no.

Pero puede ser que cuando vos arrancás, tal como me ocurrió a mí y a millones de personas, no tengas esta lucidez, esta experiencia y este recorrido como para poder darte cuenta de a qué le tenés que dar bola y a qué no.

Entonces, si es tu caso que trabajás solo o sola, empezá a considerar esto. Y si es tu caso como el de mi cliente, que era dueño de un negocio con más de diez empleados y se encargaba prácticamente de todo, razón de más.

Decir más veces no que sí.

Ahora toca anotar todas las actividades, sentarse tranquilo un par de horas, aunque sea el fin de semana, y empezar a decir: “Bueno, ¿cómo puedo resolver esto? ¿Cómo puedo sacarme de encima cosas? ¿Cómo puedo, a partir de ahora, decir más veces la palabra no que la palabra sí?”.

Pero no de mala onda o de poco solidario. Sino porque estás quemando toda la energía todo el tiempo en cosas que tal vez no tengas que hacer vos, o que tal vez las podrías hacer vos, pero que no son relevantes para tu negocio.

Hay clientes que tal vez no te convienen. Tareas que podés cortar. Una idea que quizás está buena, pero dejala para después.

Yo tengo un episodio hablando de capacitación, donde mencionaba cómo cambió mi punto de vista en relación a la capacitación. Hay tanto contenido y a mí me encanta capacitarme. Además, como dije recién, el hecho de venir acá y transmitírtelo requiere capacitación.

Pero en una época consumía y hacía cursos de todo lo que aparecía. Estaba suscripto en varias plataformas. Cursos que sacaban, cursos que hacía. Hasta que un día dije: “Para aprender aquello que necesitás aplicar. Y es aprender a aplicar, no aprender y dejarlo flotando. Es aprender a aplicar. Si no lo vas a aplicar, lo aprenderás después”.

Porque la información va a seguir estando y además se va actualizando. Así que son este tipo de cosas las que requieren frenar. Frenar y pensar.

Podés hacerlo por tu cuenta o ayudándote con inteligencia artificial, a la que le podés plantear este dilema para que te dé una mano.

Proteger tu tiempo, tu energía y tu foco.

Tu negocio va a empezar a avanzar mejor y vas a tener mejores resultados cuando dejes de llenar tu agenda de cosas de forma automática. Cuando dejes de decir que sí a actividades que hacés sin ponerte a pensar si realmente significan algo, si valen la pena o si tendrías que hacerlas vos.

Todo esto sirve para proteger tu tiempo, tu energía y tu foco. Y para que puedas decidir de una manera más sana, más estratégica para tu negocio e incluso también para tu vida.

Si querés que te ayude contame sobre tu negocio en el formulario.
Te voy a responder para decirte de qué manera puedo ayudarte a mejorar tu vida mejorando tu negocio con marketing
.